¿Qué son las tarjetas revolving?

06.06.2019

Todos los usuarios bancarios habrán tenido la oportunidad de contratar algunas de las tarjetas revolving que están disponibles en el mercado. Se trata de un formato muy polémico que comercializa buena parte de las entidades bancarias de nuestro país. Pero que es muy conveniente conocer sus condiciones en la contratación porque pueden dar más de un susto a sus titulares. En especial, por los elevados intereses que genera su uso.

Esta clase de tarjetas de crédito se caracterizan porque están destinadas para pagar las compras en establecimientos comerciales y la retirada de efectivo desde los cajeros automáticos. A través de un sistema de pago aplazado y automático que puede ser muy controvertido por sus especiales características. Tiene la facilidad de que pueden ser utilizadas para pagar una cena en un restaurante, un paquete turístico completo para pasar las vacaciones o cualquier adquisición en el consumo.

Tarjetas revolving: ¿cuánto cuesta aplazar las compras?

Esta modalidad en los plásticos a crédito no tiene un interés completamente definido. Sino que por el contrario, depende de la tarjeta suscrita y de las condiciones que imponen en el momento de su formalización. Oscila entre un 11 % y 25 %, con unas diferencias muy relevantes de uno a otro modelo. En este sentido, desde las diferentes asociaciones de consumidores advierten que todas las tasas por encima del 20 % son consideradas como abusivas, tal y como que se ha establecido en recientes sentencias judiciales. Y por tanto, pueden ser recurridas a través de esta vía de reclamación.

Un consejo ante de contratar una tarjeta revolving es leer con mucho detenimiento la letra pequeña de contrato. Porque en este apartado es donde se clarifica el coste real que repercute directamente en los usuarios. Porque si aportan intereses muy elevados será muy compleja saldar la deuda contraída con la entidad emisora de este producto financiero. Con un sistema de devolución de cuotas fijas o sobre un porcentaje sobre el saldo de la deuda, con un mínimo de 30 euros cada mes.

El problema de estos plásticos es que si se opta por la devolución mínima en cada mes se estará reduciendo mínimamente el importe utilizado. De esta forma, pasarán muchos años que se amortice finalmente el crédito permanente que se tiene a través de las tarjetas revolving.Hasta el punto de que no serán rentables y se pagará mucho dinero por el aplazamiento de las compras realizadas.

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Con línea de crédito permanente

El mayor incentivo para hacerlas más interesantes en sus destinatarios es que estos pueden disponer de un crédito asegurado que pueden alcanzar hasta 10.000 euros. Sin la necesidad de solicitarlo o que sea aprobado por la entidad bancaria encargada de comercializar este producto. En donde la deuda irá creciendo a medida que se intensifica su uso. Con el riesgo que puede provocar en el cliente al tratarse de una fuente de financiación muy asequible para todos.

En este sentido, una de las mejores estrategias para optimizar estas tarjetas consiste en utilizarlas, tan solo en casos realmente excepcionales. Nunca de una forma regular o planificada para contener el presupuesto en las economías domésticas. También es muy aconsejable optar por aquellos modelos que incorporen los intereses más competitivos del mercado bancario. Es decir, por debajo de unos márgenes de intermediación del 13 %. Con el objetivo prioritario de no elevar el nivel de endeudamiento en particulares o familias. No en vano, en algunos casos suelen llevar incluida un seguro de protección de pagos que tiene un coste mensual de entre 15 y 30 euros aproximadamente. Algunas veces impuesto por los bancos de forma irregular y que puede ser reclamados por los titulares de las tarjetas revolving. Por el contrario, están exentas de comisiones a excepción de las derivadas por situaciones de impago en la cuota mensual.

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José Ignacio Recio