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13.10.2021

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Reunificación de deudas: cómo funciona

La reunificación de deudas consiste en agrupar todos los préstamos e hipotecas que tengamos contraídos en un solo préstamo. De esta forma, se afronta el pago de una única cuota mensual cuya cuantía será menor a la suma de las diferentes cuotas a las que anteriormente teníamos que hacer frente. Se reúnen débitos para reducir de manera considerable lo que pagamos al mes, a costa de incrementar el plazo de amortización y, por tanto, el coste final de la operación debido a los intereses.

Esta forma de afrontar el pago de nuestras deudas la pueden gestionar empresas especializadas, denominadas mediadoras, que permiten unificar préstamos e hipotecas que tengamos con diferentes entidades bancarias o con diferentes tipos de interés.

Pagar una única cuota

Una vez el proceso ha iniciado, se cancelarán todos los préstamos e hipotecas para reunificarlos en una sola hipoteca con las nuevas condiciones previamente negociadas. 

Esta nueva hipoteca sumará el total de nuestras deudas pendientes y tendrá tanto un nuevo tipo de interés como un nuevo plazo de amortización, habitualmente más largo para reducir así la cuota mensual que tendremos que pagar.

Gastos de la reunificación de deudas

  • Como la reunificación implica la cancelación anticipada de todos nuestros préstamos, lo más habitual será que tengamos que pagar las habituales comisiones por cancelación o amortización anticipada.
  • Todas las deudas se convertirán en una única hipoteca, con todos los gastos asociados que esto conlleva, como la comisión por apertura de hipoteca, los costes de tasación de la vivienda o inmueble hipotecado, el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados o los honorarios de la notaría.
  • Por último, si se decide gestionar la reunificación a través de una agencia mediadora, esta cobrará sus propias tarifas.

Condiciones para reunificar tu deuda

No se puede elegir unificar algunas deudas y otras no: deberemos agrupar todos y cada uno de los préstamos que tengamos bajo una misma hipoteca.

La segunda condición más habitual es que la cuantía de esta nueva hipoteca no supere el 80 % del valor del bien hipotecado. 

La tercera condición es demostrar la posibilidad de pagar las cuotas mensuales de la nueva hipoteca.

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